¿Te gustó este post? ¡Compártelo!

¡¡¡WOW!!! Quiero empezar con esta palabra y la repetiré: ¡WOW!

Cuando me rindo en mi lucha contra el insomnio, hago lo que más disfruto hacer: escribir.

 

Esta vez, quiero confesar que he guardado este artículo durante aproximadamente un mes. Y lo he editado tantas veces que perdería la cuenta. En un auto análisis encontré que es importante para mí el ‘mood’ en el que me encuentro antes de publicar, al igual que a veces soy demasiado perfeccionista y necesito meterle “carnecita” a mis historias. También, para complementar el texto, quise encontrar una fuente que respaldara mi interpretación sobre ver, intuir o sentir las experiencias de los demás, adoptando una postura de empatía. Y para empezar, esto fue lo que encontré: 

En el artículo Conoce las neuronas espejo explican de manera muy clara el estudio del cerebro humano. Un descubrimiento bastante interesante del equipo del neurobiólogo Giacomo Rizzolatti en 1996 cuando tras pruebas científicas halló que las neuronas espejo están diseñadas para imitar comportamientos de otros seres humanos, pero aún más asombroso, son las que hacen que incluso podamos sentir lo que otros sienten. De esta manera, según el artículo mencionado, estas neuronas ayudan al aprendizaje de los deportes, al proceso de entendimiento cuando vemos una película, y por lo tanto, son las que armonizan nuestro nivel de empatía con los demás. 

Al leer más sobre estos estudios, podemos observar, por ejemplo, cuando interactuamos con los niños, rápidamente ellos aprenderán a hacer uso de la repetición de gestos, actitudes o incluso comportamientos. Si empezamos a jugar con una pelota y la lanzamos a un niño para que vuelva a lanzarla hacia nosotros, este continuará haciéndolo en la medida que lo hagamos. Incluso, si nos movemos de un lado para otro, el niño identificará ese movimiento y lo repetirá.

Personalmente lo que me atrae más de esta investigación, es cómo el uso de las neuronas espejo “supone un aporte fundamental en el bienestar y en la salud de cada uno de nosotros”. Así pues, comprendiendo el concepto anterior, quise traer una situación en donde las neuronas espejo estuvieran presentes. 

 La sorpresa.

¿Cómo expresamos nuestra sorpresa por algo que nos parece novedoso, que nos parece maravilloso, excitante o inesperado? ¿Acaso nos reímos? ¿Acaso abrimos la boca? ¿Acaso decimos una mala palabra? ¿Acaso nos quedamos callados durante un minuto? ¿Acaso nos ponemos serios? ¿Acaso nos ponemos muy muy rojos? ¿Acaso vemos a los demás? ¿Esperamos su reacción? 

Pues después de leer sobre cómo actúan las neuronas en nuestro cerebro, sentí inquietud por el significado de la palabra sorpresa. Les diré que me auto-defino como un ser humano expresivo, utilizo mucho mis gestos y mi lenguaje corporal. Sin embargo, me he cuestionado sobre cuál es el origen de mis gestos: ¿son reales? ¿en realidad son producto de mis emociones en ese momento o estoy imitando a otros? ¿Qué tan consciente soy?  

Pero, ¿qué entendemos por sorpresa? Se entiende como un breve estado mental de exaltación humana como resultado de descubrir algo inesperado, oculto, raro o inusual. Quiero resaltar que la primera línea de este artículo la escribí luego de una manifestación en mi cerebro que me llevó a concluir que muchas de mis reacciones se deben a que soy una mujer intuitiva, lo que me lleva a leer rápidamente las mentes o actos de los demás en contextos particulares. 

 

A ver, analicemos un poco este escenario: 

El pasado mes de agosto fue mi cumpleaños, y mis compañeros de trabajo me compraron un cake sorpresa. Cuando estaba en mi break – unos 30 minutos antes-, vi a uno de ellos correr hacia la puerta trasera de la tienda de una manera muy sospechosa… Me quedé pensando: ¿acaso están planeando algo para mi cumpleaños? Y realmente lo intuí porque el día anterior un compañero y yo habíamos hecho lo mismo por el cumpleaños de nuestro manager. Cuando regresé de mi descanso, efectivamente la torta de chocolate estaba allí, con una tarjeta de cumpleaños con mensajes de todos mis compañeros, y un globo con estrellas de colores que dice: “Happy Birthday” (el globo aún está flotando en mi cuarto). 

Entonces, durante mi indagación me pregunté si el estado de sorpresa podría estar relacionado con el micro segundo donde “ nos hemos dado cuenta de”. ¿Qué es eso que sucede en nuestro cerebro después de un evento o sensación? Bien, esto hace parte de las llamadas neuronas espejo. Por ejemplo, al probar un sabor nuevo, nuestra sensación puede ser: «No me esperaba que la fruta tuviera un toque dulce y esponjoso». 

Ahora observemos esto desde la comunicación: un emisor (la persona que me dio a probar un postre) que emite un mensaje (prueba este postre), a través de un código (el postre) y un canal (la voz o lo visual) para llegar finalmente al receptor (yo probando el postre), generando una emoción (me gusta este sabor) llevándonos al resultado final en donde nuestro pensamiento, lógica o comportamiento cambia (sorpresa acompañada de un gesto). Lo que me lleva a pensar que si bien, nuestro sistema simbólico se encarga de codificar nuestros gestos; es la novedad, suceso o experiencia el punto de partida para interactuar con otros y expresar nuestra empatía.  

En la siguiente micro historia, que en realidad es un fragmento de una conversación etérea en un contexto laboral, mis neuronas espejo trabajaron como si estuviera en primera fila de una sala de cine, siendo espectadora de un final accidentalmente motivador. 

 

El Demonio de Tasmania

Nacido en el estado de California, Estados Unidos y con cuna mexicana, René tiene el aspecto del Demonio de Tasmania. Lleva 3 años trabajando en una store de sándwiches americanos. Aunque esto no es lo interesante de este breve. Cuando lo conocí por primera vez, fui como consumidora a la store, no me atendió él, sino su compañera Jessica, oriunda de Alaska. Luego él me llamó para entregarme el sándwich que yo había ordenado. “Es un tipo cordial, simpático, se le ve muy serio y medio bravo”, pensé. Tiempo después, cuando me volví parte del staff de la store, me enteré que era uno de los mánagers, y claro él me entrenó. Aquí viene esa partecita que se ganó el mérito de ser contada en el blog de la Forastera. En el personaje de los Looney tunes, Tas es conocido por su capacidad de girar y morder a través de casi cualquier cosa, es un depredador. Una vez, el Tas de la store de sándwiches me contó sobre su pasado, el cual había estado rodeado por una adicción a las drogas y malas amistades, él empezó a probar las drogas desde muy chico y se enganchó. Cuando llegamos al tema, lo hicimos porque una muchacha (de quien no recuerdo su nombre porque no trabajamos juntas mucho tiempo), había llamado la atención de René de una manera muy particular. René nunca hablaba de los nuevos, pasaba por ser desinteresado y estricto en el trabajo. 

Sin embargo, en ese momento me pregunta: 

– ¿Qué te pareció esta chava? 

– ¿Cuál? ¿la flaquita alta? La vi cuando llegué y me sonrió, pero solo interactúe con ella unos minutos, ¿cómo la viste tú? Le pregunto.

– Sí, ella… No creo que vuelva. Está muy… (silencio), me recordó a mí hace 10 años, asiente Tas.

– ¿En serio? ¿Por qué? (Le pregunto). 

– Tuve muchos trabajos donde renuncié, no duraba nada porque todo lo agarraba para andar drogado. La miré a sus ojos y “luego, luego” me di cuenta de que anda en eso, ¡huuuu…! Ojalá regrese pero ‘nah’, no creo, René puntualiza. 

En ese momento supe que estaba escuchando al mismo joven que se drogaba años atrás. Hoy tenía 33 años y había agarrado piel de Demonio, pero en un buen sentido, porque ciertamente había devorado al propio monstruo que habitaba en él, que en el presente podía no solo contar su historia con serenidad, sino también ser capaz de sentir lo que le pasaba a otras personas. Por eso, le hice una pregunta que marcaría el recuerdo clave en en su memoria.

– ¿Cómo supiste que tu último día, fue de hecho el último en que probaste una droga?

– Un día pasé toda la noche fuera de mi casa, andaba en mis cosas de las drogas (como siempre), cuando llegué a mi casa ya eran como las 6:00 de la mañana, a esa hora salía mi jefe (se refiere a su padre) a trabajar. Yo estaba tiradote en las escaleras, así bien llevado, en esas mi aPa va bajando las escaleras y pasa por encima de mis piernas porque yo estaba pues estorbando el camino. Luego se pone al frente mío y se queda mirándome por un buen rato… Yo también lo miré, y después le dije: Oye jefe, quiero decirte algo… Hoy, ahora, es y será la última vez que me veas así. Y así fue, me cuenta Tasmania.

 

 

 

 

 

 

Gracias siempre, por leer.

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll Up