In-visible: lo bueno y lo malo

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invisible: lo bueno y lo malo

Soy esa clase de persona que le encanta oír Podcasts. Creo que el solo hecho de saber que existe alguien desde el otra parte del mundo, en distinto horario, y seguramente con una vida totalmente diferente a la mía, pero que emitió su propia voz para enviarme un mensaje (sí, enviarme un mensaje), me hace sentir especial y serena.

Esto me pasa con un programa de Podcast en especial, Abierta Mente: Conversaciones con Yoga Al Alma. Este Podcast llegó inesperadamente a mis oídos desde hace unas semanas cuando iba de regreso a mi apartamento después de un día largo, cargado de mucho trabajo. Me dispuse a buscar un Podcast con otro nombre y como por arte de magia, el auto corrector agregó otra palabra. Una palabra que se mezcló con el nombre del episodio número 26, de la tercera temporada: “El Poder de Cambiarlo Todo”. Presioné Play, y lo empecé a oír mientras conducía hacia mi lugar de destino.

Desde entonces, no he podido parar de escuchar cada uno de sus episodios, y un dato curioso: aún los estoy oyendo al revés (del episodio más reciente, al más antiguo). ¡Wow! Es que no puedo decir otra cosa más que eso: ¡Wow! Porque si hay algo que decir de las temáticas tratadas en el programa, es que como el nombre del mismo: se trata de abrir la mente y sentirse casi liberado. Digo «casi», porque es hasta que intentas aplicar al menos un paso de los mensajes que Abierta Mente te cuenta con argumentos suficientes y reales, es cuando empiezas a experimentar esa libertad… individual. 

En los últimos días intenté escribir algo con un propósito, pero fue realmente difícil entender cuál era; así que decidí hacer un experimento íntimo que me permitiera pensar en palabras o pequeñas frases, algo así como conversar abiertamente conmigo misma, y a diferencia de otras ocasiones que he dejado fluir la imaginación y/o la admiración, en este caso, fluyera mi voz interior en la grabadora de Notas de Voz de mi celular; más o menos este fue el resultado:

He cerrado los ojos para viajar en el tiempo hacia los años 2000, pero mi corazón empieza a acelerarse: Me veo a mí misma guardando una caja un poco pesada dentro de un clóset. De repente, me veo comiéndome las uñas y mi mamá me dice que deje de hacerlo. También me veo observando aquella caja con muchas preguntas, me veo confundida, no sé si debo hacer esas preguntas, tampoco me atrevo a decir: “no, gracias”, “no quiero porque ya estoy llena”, “porque tengo sueño”, “porque no me gusta”, no sé cuándo es el momento correcto para hacer preguntas, ¿o si lo hay?

Sigo en esa época, siendo una adolescente con ganas infinitas de comerse el mundo. Tengo un cuerpo como el de una hormiga en medio de elefantes, y una personalidad tímida y temerosa como la del leopardo que es incapaz de negociar su apetitosa presa con las hienas que se están acercando. Ahí, en ese bosque seco, estoy sentada cómodamente esperando que todos pasen frente a mí, pero cuando pasan, salen corriendo porque soy un mal bicho.

Con 12 años no sé qué nombre ponerle a mis emociones o a mis sentimientos. Estudio en un colegio femenino donde me siento y me veo diferente. No tengo muchas amigas, más Pam. Me siento muy bien cuando estoy con ella, porque nos reímos juntas, puedo seguir siendo una niña espontánea que le gusta cantar las canciones de Shakira.

Pocas niñas son amistosas, despreocupadas y graciosas como Pam, las otras niñas no juegan, les gusta murmurar, hablar de otras niñas, estar pendiente de cada detalle físico, hablan muy duro, y casi toooodo el tiempo me siento intimidada cuando estoy cerca a ellas.

-(Pausa y respiración en el audio)- Lo único que quiero en estos momentos es pasar desapercibida, casi invisible. Me aterroriza hablar en público o en frente al salón, no quiero estar en deportes populares como Cheerleading, mucho menos sentarme en la primera línea del salón, y en realidad, tampoco me gusta la idea de contar o escuchar chismes. 

En este viaje en el tiempo, me veo incómoda, siento que estoy lejos de “encajar” en ese “círculo”, o tan siquiera de lograr entender ¿por qué me siento tan diferente a las demás? Es tan confuso, no quiero ser como ellas ¿quiero pretender? Sí. 

Veo también algunas escenas en el salón de clases. Alejandra (la niña más popular) está castigada sentada detrás mío. Ella me agarra el cabello para peinarme y la oigo decirme: “tienes que tener el pelo suelto”, “tienes que peinarte así”, etc… y las otras niñas que están cerca se ríen. Me veo muy insegura… ¿es mi cabello? ¿es por como llevo puesto mi uniforme (perfectamente planchado, o con las medias hasta las rodillas), o es porque mi boca está medio abierta? Me avergüenzo de mí misma, quiero cerrar mi cuaderno, tomar mi mochila y salir corriendo de allí.  

Ahora estoy viendo la escena de Mi madre llevándome al colegio.

Comenzaré las clases a las 6:45 a.m., mi mamá me despierta y me dice que vaya a bañarme, mientras ella me prepara el desayuno y organiza mis cosas. Veo a mi madre llevándome al colegio caminando porque vivimos a unas cuantas calles. Cuando entro a mi clase, una niña del salón se acerca y me dice: «oye, ¿tu empleada de servicio te trae caminando? ¿Tus papás tienen carro?» Entonces me siento extraña porque me doy cuenta de que soy la única niña en el salón a quien su madre la lleva caminando. ¡No sé qué responderle! Tengo rabia, me siento triste, por lo tanto, decido ignorarla…

[El colegio donde yo estudiaba era conocido en la ciudad por ser de alta calidad y además era muy costoso. Obviamente, a todas las niñas las llevaban sus padres en sus propios carros, o en su defecto el chófer o la nana. También había niñas que llegaban en buses escolares]

Comienzo a ver muchas más escenas sintiéndome de la misma manera, como que mi voz no sale, lo único que hago es tomar mis emociones y sentimientos, y los guarda en la caja. Cuando la caja se llena, voy a guardarla en el clóset, porque por el momento me siento mejor eligiendo seguir una imagen que se ha creado en mi mente. Una imagen donde es preferible peinarme y usar el uniforme como las demás, a ser un “bicho raro”; tener más ropa de marca, en lugar de seguir en la liga de baloncesto; ser una niña “cool” y no una niña tonta o la ‘loser’. 

Voy viajando de regreso en el tiempo y paro en una estación importante, la escena de la decisión. Me veo frente a aquella caja, sacando prendas viejas, papeles arrugados, pero aún no encuentro lo verdaderamente importante. Continúo buscando más en el fondo, me siento ansiosa, con lentes nuevos, y con la curiosidad despierta.

De pronto miro otra escena que se ve difuminada: Termino mi Bachillerato en otro colegio, con nuevos amigos de afinidades similares, me veo feliz, y miro a mis padres felices.

Una escena más, la pregunta de mi PapáMe veo a mí misma al lado de una ventana hablando con mi papá por teléfono. Él me pregunta qué carrera voy a estudiar, y le contesto de inmediato: comunicación social o idiomas. 

Cuando supe por qué elegí la comunicación y no comercio exterior (la carrera que mi papá me había sugerido). Tenía claro que mi padre no quería obligarme a estudiar esa carrera, sino, que yo saliera adelante por mis propios medios. Y en ese entonces no sabía cómo había llegado a mí la idea de estudiar comunicación social, pero me sentía tan emocionada de aprender, y estaba agradecida de que mi padre me apoyara al 100 %.

El viaje ha terminado, miro la última escena de mi primera visita: mi primer día de clase en la Universidad. Me veo recordando cuando no quería expresarme, y evitaba que los demás sintieran mi presencia; pero ahora estoy sentada en las primeras filas del salón, aunque no me veo como la joven más extrovertida, por dentro muero de ganas de gritar, de decir, de participar, de aprender millones de herramientas que me ayuden a no sentirme abrumada cuando alguien me haga muchas preguntas. Y me veo… Me veo con demasiadas ganas por aprender a escribir.

despertar

Invisible es una palabra grave que contiene el prefijo “in” que proviene del latín “hacia adentro”, por lo tanto “in” se refiere a la negación, algo que se esconde como lo privado, o lo interno. De esta manera, lo malo de esta palabra está asociado con la introversión. Esto explica que cuando cerré mis ojos para ver la película de mis recuerdos, haya experimentado sensaciones y sentimientos negativos; sin embargo, lo que algunos le llamarían “bullying”, “mala suerte”, “pendejada”, y “falta de mano dura”, yo lo bauticé: el despertar de la Consciencia.

Por otra parte, invisible tiene el sufijo “ble”, y proviene del latín “posibilidad”. Ahora estamos hablando de lo que es capaz, de las habilidades para ser, para activar todos nuestros sentidos: la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído. Si te fijas en qué es lo bueno de la palabra invisible, al igual que yo, te darás cuenta que nuestras emociones y sentimientos son meramente maleables, y que ninguna mala experiencia puede definirnos. Así es como el despertar a la consciencia nos hace ver que, aunque en la vida muchas veces alguien más ha estado a cargo de nuestro volante, siempre tendremos la posibilidad de jalar el freno de mano para decir: “¡Alto!”, cambiemos de asiento. 

¿Alguna vez te has preguntado en qué ocasiones te has antojado de un trozo de pan? Empieza por hacer este ejercicio antes de dirigirte al viaje de la consciencia. Por ejemplo, piensa cuando te levantas en la mañana y bebes un café, cuando te comes un sándwich en el break de la mañana, cuando le das pan desmigado a tu hijo y después te comes lo que queda, cuando el mesero te lleva pan mientras esperas el plato fuerte, cuando hace mucho frío y te provoca un pan crujiente con un chocolate bien caliente, cuando mamá llega de la panadería con una bolsa calientica con aroma a tostado, cuando no puedes dormir y te levantas a media noche encontrándote un pan viejo, al comer espagueti, al ir a una fiesta donde reparten panecillos hojaldrados, cuando haces pan en el horno para tu familia, para los invitados o, ¡¡para ti mismo!!… En fin.

Después de hacerlo, compra tu tiquete de tu viaje hacia la consciencia, cuéntame cómo te sientes o qué eres capaz de experimentar. Cuando hayas regresado, no olvides ponerle gasolina al auto, camión, tren o el bus de tu alma (llámale como quieras) para la próxima visita. Y cuando estés listo o lista, recuerda cerrar los ojos y cantar en voz baja “One, two” como el cantante de Guns N’ Roses en la canción Estranged, recuerda abrir bien los ojos cuando vayas a ese LUGAR, recuerda expandir bien tus brazos cuando abraces a la persona que adores y que ames. Recuerda compartir una tajada de tu torta favorita en el mundo, y mantener legible ese RECUERDO.

 


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