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El alma es como una hoja en blanco, todo lo que sucede en nuestra vida queda calcado allí. Todos los eventos vividos sin necesidad de catalogarlos como «malos» o «buenos» se plasman de diferentes formas en nuestra hoja. Por ejemplo, cuando perdemos a una o más personas verdaderamente importantes para nosotros, el dolor que sentimos por su muerte impacta directamente en el alma. Es como prender un cigarillo varias veces y apagarlo cada vez en la misma hoja de papel. Cada llaga quema hasta rasgar la textura de la hoja creando pequeñas aperturas. Pronto nos damos cuenta que por más que intentemos la hoja no volverá a ser como antes porqué ahora está fracturada, no podemos «cambiarla»; por más que nos esforcemos en ignorar y olvidar lo sucedido, finalmente entendemos que seguirá siendo nuestra alma… (Tu alma) aún con heridas, aún con hoyos.

Toma mucho tiempo el descubrir que de hecho podemos seguir escribiendo nuevas cosas en una hoja que ha sido maltratada por el fuego de un cigarrillo. A veces sentimos que las llamas han vuelto a encenderse, pero esta es una señal de que estamos justo donde debemos estar, donde aceptamos nuestro propio dolor y poco a poco pasamos al paso 2. El siguiente paso es cuando depronto nuestra creatividad se despierta del estado de coma. Le damos espacio a nuestra alma para revivir también. Con una escarcha dorada, comenzamos a crear luz en los diminutos hoyos oscuros… con mucha paciencia, con mucha gratitud y con mucho amor hacia nuestra obra, vamos creando una gran pintura de aros escarchados.

La hoja que estaba quemada ha sido transformada en un lindo cuadro, y ese es nuestro primer acertijo al descubierto. Al ver esta nueva hoja (que sigue siendo la misma pero con una nueva figura), veremos cada espiral dorado como varios caminos que indican un destino. La lógica de un camino recto nos hará dudar si en verdad es un arte lo que está frente a nuestros ojos, o es parte de una auto-terapia psicológica donde imaginamos que todo se debe a una analogía de la vida.

Ambas razones son en esencia ciertas. Cuando vamos hacia la cima de una montaña generalmente seguimos un plano que nos guía hacia un punto de llegada. Y aunque no sabemos lo que veremos al llegar, tenemos la habilidad intuitiva de que el itinerario nos guiará al lugar correcto. Pero esta semejanza está ligada a la certeza del futuro. En cambio, al referirnos al camino como un arte, nuestra perspectiva cambia. Cada vez que caminamos por la montaña pensamos que estamos más alto con cada paso. El descubrimiento de nuestro arte, es cuando cambiamos el canal y aún así nos sentimos confiados. Entonces ese camino puede ser un río, puede ser un valle, puede ser el aire en sí mismo, puede ser un país, puede ser un pueblo, puede ser un hospital, y puede ser un aula.

Al final de la vida por mucho que hayamos creído que viajamos por una montaña y que hemos conseguido llegar a lo más alto, la vista será la misma si tomamos otros caminos. No habremos necesitado ningún mapa porque lo más importante será crear arte en cada una de las cosas de la real existencia. De esta forma, nace la mudanza de Facundo Cabral: No hay muerte, hay mudanza. 

Así pues, en el siguiente paso somos capaces de elegir los colores que queremos agregar a nuestra pintura. Pueden haber aciertos y desaciertos, aunque no estamos buscando quién nos compre aquél cuadro, sino seguir transformando el lienzo para construir un museo en nuestra casa. Como artistas definiremos qué compone la pintura, pero sobre todo deberemos encontrar la manera de crear desde lo profundo de nuestro ser.

Esa es la Fe, la luz ferviente de color blanca o dorada manifestada en una auténtica conexión entre cuerpo, mente y alma. Y depronto se ve reflejada en cualquier situación o en nuestras relaciones interpersonales. La notamos en un pensamiento espontáneo, en el lugar que trabajamos y la forma cómo lo hacemos. La vemos a través de la amistad desinteresada, o en el perdón hacia una persona que nos ha hecho daño.

Sabemos que es una luz que nos acompaña en todo momento manteniéndonos resilientes y motivados. En algún momento empacaremos nuestra bolsa de materiales para continuar dibujando en otra dimensión. Y probablemente seremos virtuosos de conocer montañas y senderos maravillosos jamás vistos en este planeta tierra.

Y al llegar al siguiente paso, tenemos la sensación de que jamás habrá un último. Todo tiene sentido y todo está conectado. Cuando dicen que «volvemos a los lugares que alguna vez nos hicieron felices», ¡así lo es! Sin embargo, también volvemos a donde nos hicimos trizas y no tuvimos fuerzas. Entonces volvemos a ver las astillas de fuego que no elegimos sortear. A fuerza debemos darle cara al dolor nuevamente, más con la elección de quedarnos allí o, de lo contrario, hacer un nuevo espiral con escarchas de otro color. Y la verdad es que con esta nueva sensación volvemos a la vida…otra vez.

 

 

-En memoria de mi padre, mi más grande amor y mi esperanza.

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