DEL CIELO A LA LIBERTAD

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Fotografía: Carlos Montes – revesproducciones.co

Una casa verde con ventanas de madera es la señal para hacer un desvío por una carretera destapada. Aquí empieza un sendero de tierra amarilla, gravas y piedras grandes que retumban a los pasajeros que van viajando hacia Libertad, un corregimiento de San Onofre que resistió la violencia del conflicto armado en los años 90.

Después de dos horas de trayecto llegamos a este lugar casi «imaginario» para la humanidad, donde habitan personas de carácter fuerte y tajante, pero con un talento y un espíritu guerrero indiscutibles. El canto y el baile de los niños, niñas, jóvenes y adultos de Libertad, es una muestra de supervivencia, esfuerzo y esperanza. Basta con ver a los ojos de su gente para darse cuenta de su humildad.

Pero hay un canto que se escucha con más fuerza en las voces de los liberteños:

«Le pido al Dios de lo alto que mande el invierno acá, de la tierra voy al cielo y del cielo ha de volver…Soy el alma de los campos que los hace florecer» (…) El agua…¡Va a llover! para qué, ¡para beber!»

La realidad que vive esta comunidad, como la de otros corregimientos y municipios colombianos es precaria, las personas están ansiosas por tener agua. Quizás el único método infalible que cubre sus necesidades, es esa súplica al cielo que emanan mujeres, hombres, ‘chicos’ y grandes.

Cuando la lluvia cae del cielo a Libertad, es similar a un grupo de personas que se avivan cuando escuchan el sonido de la bocina de un tren, pues esperan a los viajeros que traen consigo regalos, comida y enseres. Así pasa en Libertad, cuando el primer trueno anuncia la lluvia, los niños y niñas juegan en las calles, saltan charcos y se bañan, las mujeres tienen grandes baldes afuera de sus casas para que se llenen de agua, y los campos secos se alimentan para florecer nuevamente su color verde.

Hoy en Libertad, más de 3000 personas aún no tienen agua potable, ni tampoco cuentan con un lugar digno para hacer sus necesidades básicas, sumado a las condiciones de insalubridad y contaminación ambiental en las que viven.

Ojalá, el pueblo liberteño que hace honor a su nombre, por haber logrado la libertad tras una década de sufrimiento, crímenes y barbarie, algún día pueda tener la libertad de usar el agua del grifo y tener un entorno vital.

Solo así escucharemos el canto de sus corazones alegres, con una ilusión que se haya hecho realidad: agua para beber.


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