MÁS QUE UN REENCUENTRO

¿Te gustó este post? ¡Compártelo!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Torta de banano y el pequeño Aegon

Miércoles

Verónica viaja a Georgia cuando la pandemia del COVID-19 apenas empieza a propagarse en los Estados Unidos. A las 12:00 p.m. el avión aterriza en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta. Karla, su prima, va en camino a recogerla. 

Una hora más tarde, cansada del viaje, Verónica busca una silla para sentarse, suelta las dos maletas de viaje, y luego llama a su prima para preguntarle dónde está. Karla le indica un punto de encuentro para ir a buscarla. En la entrada número 1 se ven nuevamente después de 9 años, la alegría en sus corazones se sale del pecho, Karla sonríe al bajar del carro y Verónica se lanza hacia ella para darle un fuerte abrazo. 

Al subir al carro, Verónica conoce al hijo pequeño de su prima que está en el asiento trasero en una sillita de bebé. Aegon tiene unos ojos grandes, negros, con pestañas largas, idénticos a los de su madre, y su pelo es castaño, un poco ondulado como el de su padre. 

En el trayecto a casa, las preguntas de tantos años se cruzan entre las dos: 

— ¿Cómo están tu esposo y tu hijo mayor? (…)

— ¿Qué tal Florida? (…)

— ¿Le gustó la ciudad a mi tía? (…)

Al llegar a casa, ya son casi las 4 de la tarde. Karla saca del horno una torta que había hecho antes de salir a buscar a Verónica. Le ofrece un trozo y le cuenta algunos pormenores de la receta:

— Es una torta de banano con chocolate de cacao, versión light, después de la recuperación he intentado seguir comiendo saludable. 

Verónica prueba la torta, la saborea, hace un gesto arrugando su entrecejo en señal de aprobación -prefiere no preguntar aún sobre su recuperación- y le confiesa su antojillo de media tarde:

— Estaría loca si no acompaño esta deliciosa torta con un café, ¿tienes uno, Karlita? 

Karla sirve el café. La casa tiene un olor a torta como recién salida del horno, y de lejos se escucha la lluvia cayendo sobre la tarde. Mientras tanto, el pequeño Aegon gatea sigiloso por un pasillo encontrándose con una torre cuadrada a la cual anhela subir pero no puede hacerlo. Depronto se escucha un quejido de Aegon como si pidiera ayuda… 

Su madre va y lo sube a la superficie de aquella torre: una lavadora que para él es una pista aérea de color azul, allí, se prepara para pilotar su avión, oprime el botón start que hace tururú, las luces se encienden con un tili-lilí y finalmente despega con un ruuuuuuuummmmmm (risas de Aegon). 

Cuidados intensivos

Antes del COVID-19 una persona con una vida “normal” tiene una rutina básica que se repite día tras día: se levanta, toma una ducha, toma un café o un té, desayuna, se va al trabajo, almuerza, vuelve del trabajo, habla por celular, ve una película, come y se acuesta a dormir. Esa persona jamás se imagina que un día cualquiera el mundo se detendrá a causa de un virus que le hará perder el control de todo, y solo tendrá deseos de ver otra vez a sus seres queridos, de abrazarlos, o de estar con sus amigos.

Hace 15 meses, Karla, de veintiocho años, pasaba por oscuros momentos, sintiendo el temor más profundo de los seres humanos: el miedo a perder la vida. 

Jueves

En la mañana, Karla está haciendo un caldo caliente de huevo, papa y leche para calmar un poco el frío que aún se siente en el invierno. Invita a su prima a pasar a la mesa, mientras pone a Aegon en una silla D’bebé Foody para darle una cremita de manzana con pera y durazno que le ha preparado. 

Verónica se sienta a desayunar y le pregunta cómo se ha sentido desde su recuperación.

— Pues Vero, ha pasado más de un año, gracias a Dios me pude recuperar, pero fue difícil ganar de nuevo la confianza. Felipe fue clave en mi recuperación, al principio no podía ni siquiera mostrarle mi cicatriz, y un día me dijo: “¿Qué quieres tú amor? ¿ser una modelo o salir en televisión? No lo necesitas, siéntete hermosa, así te veo yo” (…)

Karla se mudó hace dos años a los Estados Unidos. Llegó con su esposo Felipe y su hijo mayor: Jf. Poco tiempo después de llegar de Colombia quedó embarazada, y las ilusiones por tener un segundo hijo se hicieron realidad. 

Después del parto, ella sería dada de alta dentro de las primeras 48 horas, pero su ritmo cardiaco no estaba normal, así que la dejaron por más tiempo en el hospital. Luego de unos días regresó a casa, pero su esposo la notaba desanimada, pues pasaba horas durmiendo y se agitaba dentro de la misma casa. 

Verónica escucha atentamente a su prima, al terminar el desayuno se sientan en la sala (Aegon juega un rato): 

— ¿Y en qué momento se dieron cuenta que algo no estaba bien?

— Una noche, me iba a levantar de la silla pero no pude hacerlo, me sentía muy cansada y sudaba muchísimo. Recuerdo que un amigo allegado a la familia, que se estaba quedando con nosotros, me vio los pies y me dijo que los tenía muy hinchados. Felipe me preguntó que qué tenía pero yo le respondí incoherencias, estaba delirando. En ese momento él se preocupó y me llevó al hospital.

— ¿Qué pasó después? ¿recuerdas algo?

— Cuando llegamos al hospital nos pidieron los datos, luego llegaron muchos médicos a verme pero ninguno sabía qué tenía, revisaban mis signos vitales y mi corazón estaba muy acelerado. En seguida me pasaron a cuidados intensivos y no recuerdo más (…)

Karla fue atendida por varios médicos especialistas, enfermeras y enfermeros, llevaba más de 12 horas en el Northside Hospital con fiebre y taquicardia, sin saber qué tenía. 

Uno de los médicos entró al cuarto del hospital y les informó a Karla y a su esposo, que por la experiencia del personal médico habría que hacer una incisión horizontal -donde se había hecho la cesárea- para determinar qué había adentro. También les dijo que si al revisar encontraba algo malo, tendría que hacerle otra incisión -una laparotomía vertical-, algo así como abrirle completamente la panza

Los médicos encontraron la infección de peritonitis, le hicieron una laparotomía y después fue inducida a coma: un médico le explicó a Felipe que había sido un procedimiento doloroso y que no se podía aplicar anestesia local sobre el tejido infectado, por lo que ella no hubiera aguantado el dolor. 

— ¿Escuchabas algo durante el coma?

— Escuchaba mucho ruido, como muchas personas que hablaban. Cuando desperté del coma, yo estaba en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) y pensé que habían pasado como dos días, luego, Felipe me dijo que habían pasado 10 días. Las enfermeras cuidaban mucho de mí, eran muy amables y muy especiales (…)

Karla despertó del coma sin tener noción del tiempo. Había mejorado un poco, la remitieron a una habitación, pero en los días siguientes recayó y la llevaron nuevamente a cuidados intensivos donde tuvo que ser intervenida con una laparoscopia -una pequeña incisión abdominal-. 

En tan solo dos semanas a Karla le habían realizado tres intervenciones quirúrgicas (cesárea y dos más por la peritonitis), continuaba débil, no habían signos de su recuperación, y constantemente le inyectaban nutrientes a su corazón por medio de un catéter. 

— ¿En algún momento sentiste que ibas a morir?

— Sí, perdí la esperanza, cuando pensé que las cosas ya estaban bien, no era así. 

Días después, los médicos le dijeron a Felipe que aunque habían logrado drenar gran parte del líquido de la peritonitis en el organismo de Karla, aún quedaban rastros, así que sería intervenida por cuarta vez.  

— ¿Entonces? ¿Qué pasó?

— Antes de esa nueva cirugía, yo estaba en la habitación. La enfermera entró y luego me preguntó si quería confesarme. Pero algo extraño pasó, a pesar de que me habían dicho que estaba en peligro de muerte, decidí entregarle a Dios cualquiera cosa que pasara, y le dije a la enfermera que llamara al padre para que me hiciera el sacramento que se le hace a los enfermos.

Unas horas después, fue remitida una vez más a la UCI. En la sala de espera, se encontraban su esposo, su mamá y su hermana menor. En Facebook, sus familiares habían iniciado una cadena de oración y sus amigos le enviaban mensajes de aliento.

Cuatro horas más tarde, las oraciones de todos se habían manifestado en un milagro: el de sanar a Karla . 

Verónica sonríe y le dice: 

— ¡No puedo imaginar lo feliz que estabas al saber que todo había terminado!

— ¡Claro! A los pocos días iniciaron las terapias físicas y respiratorias porque no podía caminar, ni siquiera sentarme. Fue un proceso increíble, me acuerdo que un día la enfermera me recogió para ir a la terapia, mi hermana estaba peinándome el cabello. Me pusieron el caminador y al llegar, logré caminar sola, estaba muy feliz. Todos me aplaudieron y me felicitaron, ese día hasta me dijeron: ¡que hermoso tienes el cabello!

Cuatro semanas después Karla fue dada de alta. Volvió a su casa, donde Felipe, Jf y su hermana, con unas dosis de amor, la ayudaron a terminar su proceso de recuperación.

Le contó a su prima que cuando recobró su vitalidad, pensó en que era momento para aprovechar esa segunda oportunidad que la vida le dio, la cual estaba dispuesta a disfrutar en un 200 %. 

— ¡Espero que así sea! Y ahora, ¿qué es lo que más te gusta de aquí?— pregunta Verónica.

— Me gusta ver los paisajes, esos árboles grandes y frondosos me dan tranquilidad, creo que lo mejor de revivir es eso prima, amar las cosas simples. 

Karla y El listón de tu pelo

A principios de marzo, las hojas de los árboles crecen, la luz yace espléndida y las anémonas de color púrpura florecen avisando la primavera. En estos días, Verónica, Karla y su familia, van a conocer algunos lugares turísticos cerca a la ciudad, como el Wild Animal Safari, un parque de animales silvestres en Pine Mountain, el cual recorren en una furgoneta pintada de zebra (…)

Dos días después

En su hombro, Karla mece a su pequeño para hacerlo dormir y le canta una canción que suena de fondo en el televisor: — Suelta-a el listón de tu pelo, desvanece el vestido sobre tu cuerpo y acércate a mi-ii…♫. 

Verónica está empacando las maletas para su vuelo al día siguiente, luego va a la sala y ve a su prima un poco nostálgica: 

— Regresaré un día no muy lejano Karlita.  

—Aquí tienes las puertas abiertas primita.  

— Este fin de semana fue solo de papá para Aegon — dice Felipe jocosamente (todos se ríen) (…)

A Verónica no le gustan las despedidas, por lo que prefiere seguir escuchando el dulce canto que hace dormir al pequeño Aegon.

— Que beberé-e el perfume de tu piel, deslizando una rosa en tu cuerpo, provocando amo-oooor..♫ — Aegon cierra sus ojos…

En tiempos del COVID-19, todos están ansiosos por un futuro incierto, algunos se sienten preocupados por la economía de su negocio, y, miles de personas en el mundo han perdido a sus seres amados, sin ninguna posibilidad de darles el último adiós como se lo merecen. Una persona no puede cambiar las condiciones actuales simplemente porque no tiene la capacidad de hacerlo, o, porque, sin importar la religión, no es ese Ser Supremo. En cambio, puede hacer la diferencia si se detiene un momento, abre los ojos y se da cuenta de que hoy tiene tiempo y amor para ella y/o para su familia. 

Karla no tenía el poder absoluto de cambiar su situación, pese al dolor y la angustia que afrontaba en cada cirugía, recuperó algo que Verónica descubrió en aquél reencuentro…

Más tarde, al terminar de empacar, Verónica se pregunta así misma: — ¿por qué Karla decidió confesarse?

Quizás la respuesta era muy obvia, finalmente ella tuvo FE.

<< La Fe cambia nuestra perspectiva >>
Basado en hechos reales.


¿Te gustó este post? ¡Compártelo!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

19 respuestas a «MÁS QUE UN REENCUENTRO»

  1. Eliécer dice:

    En estos tiempos la reflexión y el encontrarse con sigo mismo, es fundamental para sobre llevar el aislamiento, considerando que somos seres sociales, Saludos mi bella forastera, espero estés bien y mejor, abrazos fuertes….

    Responder
    1. La Forastera dice:

      Saludos Eliécer, es genial que me cuentes tu opinión. Que siempre tengas un lindo día =).

      Responder
  2. Karla dice:

    líneas que me estremecen, aveces contamos una historia y no somos conscientes del impacto q puede generar en quien escucha, hasta que lees esto.
    definitivamente eres la mejor mi forastera favorita.
    Pta: creo q verónica olvido contar sobre la hora q estuvo perdida de su prima en down town de Atlanta, y ojo sin señal de celular q es lo más terrible

    Responder
    1. La Forastera dice:

      Gracias por ser parte de esta historia!!! Tal vez Verónica no quería robar la atención de los lectores jejejejej UN SALUDO ESPECIAL Karla.

      Responder
  3. Any Alexandra Villamizar Colmenares dice:

    Excelente historia, me encantó , gran destreza para escribir, me tocaste fibras profundas, me transporte a la situación, me encantó el enfoque positivo y la reflexión sobre la vida y lo verdaderamente importante. Como la Fe y Dios a quien estaremos infinitamente agradecidos por los deseos concedidos, muchas gracias mi bella forastera, te queremos y bendiciones.

    Responder
    1. La Forastera dice:

      Increíble!!! Me encanta leer estos comentarios! Siempre que te estremezcas al leer algo, siéntete feliz porque hoy las letras te han dado un motivo más para sonreír y compartir algo que leíste con la gente que te rodea. Saludos Any <3

      Responder
    1. La Forastera dice:

      Alejandra me alegra leer tu comentario. La felicidad de tener a nuestros seres queridos vivos también nos hace llorar. Gracias a ti por leerme!

      Responder
    1. La Forastera dice:

      Gracias por tu comentario hermosa! Cuando quieras escribir o dibujar algo, envíamelo, me gustaría compartirlo con mis lectores. Un abrazo!

      Responder
  4. Kenjicool dice:

    Me encantan tus historias y está la estaba esperando con muchas ansías. Que hermosa tuve que respirar muy profundo para leerla todaaa jeje esa experiencia fue una lección de vida para todos. ✨ Abrazos y que tú camino siga lleno de luz.

    Responder
  5. Kenjicool dice:

    Me encantan tus historias pero esperaba está en particular, porque fue una lección de vida muy grande. Me encanto y no sabe cuantas veces respire profundo pero con muchas ganas de saber más y más. Te quiero mucho y te envío los mejores deseos para que sigas escibiendo esas maravillosas historias que nos atrapan de una forma mágica. Un abrazote!

    Responder
  6. Kenjicool dice:

    Me encantan tus historias pero esperaba está en particular, porque fue una lección de vida muy grande. Me encanto y no sabes cuantas veces respire profundo pero con muchas ganas de saber más y más. Te quiero mucho y te envío los mejores deseos para que sigas escibiendo esas maravillosas historias que nos atrapan de una forma mágica. Un abrazote!

    Responder
    1. La Forastera dice:

      Cuando alguien lee y se emociona, también está haciendo magia, sabes por qué? Porque replicará estas emociones a miles de personas que quieran tener esa misma experiencia! Gracias por leer, gracias por seguir a La Forastera y sobre todo ten siempre tu energía al 100 % eres genial Kenji!!!

      Responder
  7. Laura Buitrago dice:

    Hasta ahora lo leo y me encantó. Me ha pasado muchas veces esto que describes en estas lineas, que después de escuchar ciertas historias me quedan por algún tiempo rondando por mi mente y siempre encuentro algo positivo en ello. Felicitaciones Caro que sea el inicio de muchos mas! Abrazos desde la distancia

    Responder
  8. Alexandra Rueda dice:

    Que es estoooooo? Me encanto esta historia, escribes muy bonito mi caru bella, ya lei todo.. felicitaciones, tienes mucho potencial, espero todo marche bien, un abrazo fuerte, te quiero

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ocho − 5 =